
La Cañada Real Burgalesa: un viaje ancestral entre fronteras, dehesas y montañas
Desde la frontera portuguesa, en Valencia de Alcántara (Cáceres), donde los dólmenes aún custodian el silencio de la historia, parte la Cañada Real Burgalesa, uno de los caminos trashumantes más largos, bellos y desconocidos de la Península Ibérica.
Este antiguo trazado, testigo del ir y venir de rebaños durante siglos, se dirige hacia el noreste pasando por Membrío y Alcántara, donde el majestuoso puente romano del siglo I desafía el paso del tiempo sobre el río Tajo.
Avanza después bordeando la frontera por Piedras Albas y Zarza la Mayor, para cruzar la Sierra de Gata por el puerto de Perales, donde Extremadura se despide de Castilla y León. Allí, en la cercana venta de Perosín, los pastores pagaban antaño al rey el derecho a transitar esta vía milenaria.
La cañada se acerca de nuevo a la raya con Portugal en Fuenteguinaldo, desde donde algunos ramales históricos llegaban hasta la Sierra de la Estrella, prolongando el alma trashumante más allá de nuestras fronteras.
Después rodea las murallas de Ciudad Rodrigo y se adentra en las dehesas del Campo Charro, un paisaje de encinas, quejigos y ganado bravo, donde la ganadería extensiva sigue siendo forma de vida y de equilibrio.
En Salamanca, el camino cruza el río Tormes y continúa por tierras de meseta hacia Medina del Campo y el cruce del río Duero en Puente Duero. La ruta entra en Valladolid por los pinares de Antequera, asciende por los montes del Cerrato, bordea la histórica Lerma y, tras alcanzar Tolbaños y Barbadillo del Pez, culmina en las montañas de Urbión y la Sierra de la Demanda, donde los pastos estivales esperan cada año a los rebaños que han recorrido medio país.
Una vía cargada de sentido
La Cañada Real Burgalesa es más que una vía pecuaria: es un corredor de biodiversidad, un camino cultural, un símbolo vivo de la relación respetuosa entre el ser humano, los animales y la tierra. Aún hoy, recorrerla es una forma de reconectarse con los ritmos antiguos, los paisajes abiertos y la memoria del mundo rural.

