La Cañada Real Conquense: el gran eje trashumante del este peninsular

Entre veranos de altura y inviernos suaves, la Cañada Real Conquense sigue viva. Es, hoy por hoy, la cañada más transitada de España, recorrida cada primavera y cada otoño por los rebaños trashumantes de Andalucía, Castilla-La Mancha y Aragón, que la atraviesan en toda su longitud. Un viaje de siglos que continúa caminando.

Su recorrido comienza en las dehesas de Andújar y Linares, en pleno valle del Guadalquivir, donde el invierno amansa el clima y la tierra alimenta. Desde allí, la ruta asciende hacia el noreste por La Carolina y Vilches, y cruza la imponente Sierra Morena por Castellar de Santiago, donde el camino se bifurca en dos ramales históricos.

El ramal occidental, conocido como de Los Serranos, serpentea por La Puebla del Príncipe y Villanueva de la Fuente, sigue hasta Munera y La Roda, y cruza el río Júcar en El Picazo, adentrándose después en tierras de Motilla del Palancar y las montañas de la Serranía de Cuenca. En Huélamo y Tragacete, el camino se funde con el ramal oriental.

El ramal oriental, también llamado de Los Chorros, avanza desde Castellar de Santiago por Pozo de la Serna y Alhambra, hasta bordear las legendarias lagunas de Ruidera, donde el agua parece narrar sus propias historias. Desde allí, el camino prosigue por Tomelloso, Socuéllamos y Las Pedroñeras, hasta alcanzar la ciudad de Cuenca, donde una red de cordeles permite el acceso a los diversos pastos de montaña.

Hoy, el trazado más utilizado por los ganaderos trashumantes es el que se dirige a la Sierra de Albarracín. Este itinerario bordea Cuenca por Chillarón, se interna en los pinares de Mariana y Villalba de la Sierra, y asciende por los altos de Las Majadas, cruzando de nuevo el río Júcar cerca de Tragacete.

Allí, ambos ramales se reencuentran para remontar las últimas estribaciones hacia Guadalaviar, en el corazón de la Sierra de Albarracín, donde la cañada cruza el río Tajo en las cercanías de su nacimiento. El ciclo se cierra en las alturas. La trashumancia sigue.


Un camino vivo, entre dos mundos

La Cañada Real Conquense no es solo una ruta ganadera. Es un corredor ecológico, una vía cultural y una columna vertebral del pastoreo extensivo que sigue cumpliendo su función: conectar ecosistemas, climas y formas de vida. Cada paso sobre este antiguo camino es una forma de resistir al olvido y honrar la inteligencia del movimiento lento, respetuoso y circular.

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