Cañada Real Leonesa Occidental: un gran corredor trashumante entre dehesas, puertos y llanuras

Desde las umbrías de Sierra Morena, en la confluencia de Huelva y Badajoz, arranca la Cañada Real Leonesa Occidental, uno de los caminos ganaderos más antiguos y utilizados de la Península. Por ella, generaciones de pastores han guiado sus rebaños del sur al norte, atravesando las tierras centrales de Extremadura y Castilla y León en busca de los pastos de verano.

Los múltiples caminos que recorren las dehesas del suroeste se funden en las inmediaciones de Segura de León, para formar este eje trashumante que cruza el río Guadiana cerca de Don Benito y se encamina hacia el norte por Miajadas hasta alcanzar la ciudad histórica de Trujillo, donde se despide brevemente de otra vía legendaria: la Cañada de la Plata.

Desde allí, la ruta bordea el Parque Nacional de Monfragüe, atravesando sierras cubiertas de alcornoques y encinas, hasta salvar el río Tajo por el puente de Almaraz. Entra entonces en el Campo Arañuelo, un paisaje de gran amplitud, donde la cañada conserva varios cientos de metros de anchura, con extensos pastizales que acompañan su paso hasta Ramacastañas, ya en la provincia de Toledo, donde antaño se situaba uno de sus puertos reales.

Desde este punto, la cañada asciende por un tramo de calzada romana que corona el puerto del Pico, uno de los pasos históricos más espectaculares del Sistema Central. Miles de vacas avileñas siguen hoy utilizando este camino para alcanzar los frescos pastos de la Sierra de Gredos durante el verano.

Superado el puerto de Menga, la vía se abre a la gran llanura castellana, atravesando Arévalo, Medina del Campo y cruzando el río Duero en Tordesillas, donde el horizonte se ensancha y el recuerdo de la trashumancia se mezcla con la historia de reinos y tratados.

El trayecto continúa por Torrelobatón, Medina de Rioseco y Mayorga, hasta alcanzar el Puente Villarente, donde la cañada cruza el río Porma. Desde allí nace una derivación importante, la Cañada de Boñar, que lleva a los rebaños hacia los puertos de Vegarada y San Isidro, en la vertiente leonesa de la Cordillera Cantábrica.

La Cañada Real Leonesa Occidental culmina en la ciudad de León, punto de confluencia de diversas veredas que conducen hacia los puertos de Pajares, Piedrafita y la legendaria Babia Baja, donde la tierra y el cielo se encuentran, y el pasto crece como promesa renovada cada año.


Una cañada con alma de arteria

La Cañada Leonesa Occidental es más que un camino pastoril. Es una vía de vida y biodiversidad, una columna vertebral que une el sur y el norte de la península a través del paso lento y constante de los rebaños. En su recorrido se conservan ecosistemas únicos, huellas culturales y memoria rural viva.

Aún hoy, caminar por ella —aunque sea un tramo— es entender cómo la trashumancia sigue marcando el territorio con inteligencia, respeto y sentido común.

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