Defender la trashumancia es defender una forma de vida ancestral, sostenible y profundamente conectada con los ritmos de la naturaleza. Esta práctica ganadera milenaria, basada en el desplazamiento estacional de los rebaños, ha modelado nuestros paisajes, conservado nuestras vías pecuarias y protegido el equilibrio de los ecosistemas.
La trashumancia no solo es cultura y memoria: es una herramienta eficaz para la conservación de la biodiversidad. A través del movimiento de los rebaños, se regeneran pastos, se dispersan semillas, se fertilizan los suelos de forma natural y se evita la acumulación de biomasa que alimenta los incendios forestales.
En un contexto de cambio climático, pérdida de suelos fértiles y despoblación rural, la ganadería extensiva trashumante representa una alternativa real y necesaria. Es un modelo productivo de bajo impacto ambiental, que cuida los recursos naturales y mantiene viva la relación entre las personas y el territorio.
La biodiversidad es la base de la vida en el planeta. Sin ella, los ecosistemas pierden su capacidad de adaptación, resistencia y regeneración. La trashumancia, al favorecer paisajes en mosaico, contribuye activamente a preservar una enorme riqueza de especies vegetales, animales y microorganismos fundamentales para la salud del planeta.
Desde la Asociación Trashumancia y Biodiversidad trabajamos para que esta práctica siga viva y se reconozca su valor ecológico, social y económico. Apostamos por políticas que apoyen a los pastores, protejan las rutas ganaderas y promuevan un modelo agroganadero basado en el respeto, el conocimiento tradicional y la armonía con la naturaleza.
Defender la trashumancia es defender la vida.

