1. Campo soriano, 25 de octubre de 1962
A cincuenta y una pesetas el kilo se ha vendido este año la lana en San Andrés de San Pedro.
Forastero que se casa con una moza del pueblo ya sabe, <o paga 400 pesetas o recibe un buen baño en la fuente> Hace cincuenta años tenían doce mil ovejas y hoy aproximadamente dos mil quinientas.
SAN ANDRES DE SAN PEDRO, 24. (CRONICA DE NUESTRO REDACTOR JEFE J.R.S.)Pues como se lo cuento.
Llegué a San Andrés de San Pedro, en plena sierra, de noche, pero una noche más cálida que otra cosa y con un cielo estrellado que daba gusto contemplarlo.
Llegué, digo, a San Andrés de san Pedro, pueblo de pastores trashumantes, nobles, sencillos, que dan lo que tienen y siempre sorprenden al viajero con más de lo que se espera, porque quería hablar con Marcos Sáez (Sáenz) Martínez.
Marcos, un mocetón alto, espigado, todo sonrisa, se marchará muy pronto para tierras de Córdoba con 600 merinas.
Aquí, en San Andrés, se quedarán su mujer e hijos durante siete meses en una larga espera.
Igual cosa sucede en otros muchos lugares.
Pero no estaba solo Marcos, con él encontré al alcalde, don Ruperto del Río Marín y a otros cuantos vecinos, como Julián Carrascosa Carrascosa, Juan Domínguez Ruiz, el telefonista del lugar, Ángel Marqués Marín, Justo Jiménez, Flaviano (Floriano) Casas del Río y Teódulo las Heras Jiménez.Estaban de junta para solucionar el acarreo de leña a la escuela, para que los niños tuvieran calefacción.
Y digo, repito, que da gusto el poder vivir tanta concordia y tanta unión como la que rebosan estos seres.
Ni una palabra, ni un gesto, conformidad absoluta con el alcalde.Bueno, dicho sea de paso, a mí el convivir con las gentes de los pueblos es algo que sencillamente me viene como anillo al dedo, así que la charla se organizó en menos que canta un gallo.- Se llama San Andrés de San Pedro –empezó diciéndome Julián Carrascosa- porque es de la comarca de San Pedro.- Yo tengo oído –intervino el alcalde- y referencia de que unos señores de Castilfrío enviaban sus rebaños a este lugar y que los pastores fueron los fundadores del pueblo. – ¿Cuántos vecinos son en el pueblo, señor alcalde?- Ahora en el pueblo hay veintiocho –me dice el secretario don Manuel Hornillos, que es quien contesta a la pregunta – pero hace treinta años eran unos setenta y dos.- La diferencia –aclara el alcalde- se debe a que muchos de los que se van con las merinas ya no vuelven, toman pastos y tierras en arriendo en Andalucía y Extremadura, y se quedan allí.- ¿Por qué?- Muy sencillo –exclama Justo Jiménez- porque aquí la tierra es muy mísera.- En el término de las mil trescientas hectáreas que lo componen –me informa el señor Hornillos- 950 son de pastos durante cinco meses y otras 300 se siembran de cereales, pero que no debían sembrarse.- Háblenme de la trashumancia.- Estamos forzados a ella –me dice Marcos- porque aquí carecemos de pastos.- ¿No han probado en la siembra de pastos artificiales?- Desde luego, y queremos probar para conseguir el no tener que marcharnos.
A ninguno nos gusta dejar a nuestras mujeres e hijos durante siete meses.- ¿Es cierto que nadie quiere ser pastor?- Desde luego, y eso que en los meses de verano aquí un pastor…- No en los meses de verano Marcos -le dice Julián- sino durante cinco meses.- Bueno durante cinco meses dos de primavera y tres de verano unas 7.000 pesetas en metálico más la manutención.
Y en invierno a lo mejor se les dan 30 reses, es decir va en la trashumancia siendo un socio más. – ¿Cuándo celebran las fiestas patronales?- Los días de la Virgen y San Roque y también el 30 de noviembre, San Andrés, por cierto, que esta última están en el pueblo solamente el alcalde, el secretario, las mujeres, los niños y los ancianos, aparte de los maestros.
Se hace una merienda, pues se mata a una cordera y a los niños se les da nueces y manzanas.- Ponga usted –exclama Ángel Marqués- que aquí forastero que viene y se casa con una moza del pueblo o paga cuatrocientas pesetas o termina en el pilón.- ¿Hay muchas mozas? – Unas ocho.- ¿Y mozos?- Cinco.La entrevista se interrumpe, la luz se marcha.
A oscuras durante un buen rato.
Todos los vecinos se lamentan del irregular servicio que padecen.Bueno, -me dice el alcalde- añada usted que estamos muy contentos con el servicio telefónico.Al cabo del buen rato vuelve la luz.
El cielo sigue estrellado.
No hace frío cuando dejamos San Andrés de San Pedro, cuna de ese apellido ilustre que tan alta ha sabido poner a Soria, los Ridruejo.
En nuestros oídos aún vibran las frases del alcalde.- No tenga prisa, que entre el día y la noche no hay pared.
2. Campo soriano, 1 de noviembre de 1962
Por nuestro enviado especial Juan RIOS SUAREZ.
Bajo este título y en colaboración directa con la Jefatura provincial del Movimiento a través de su Delegación de Organizaciones, con el fin de realizar un estudio completo de lo que es la trashumancia, CAMPO SORIANO desplaza a su redactor jefe, para que haga la vida exactamente igual a como la hacen los pastores trashumantes.
Lo social, lo económico, lo humano, la anécdota, todo irá apareciendo en diversos reportajes que, sobre la marcha, escribirá nuestro enviado en la historia viva de un rebaño trashumante que desde San Andrés de San Pedro se desplaza a tierras de Córdoba, y que Dios mediante empezará mañana su recorrido.
3. Campo soriano, 3 de noviembre de 1962
LA VERDAD DE LA TRASHUMANCIA.
Por nuestro enviado especial Juan RIOS SUAREZ.
EN VISPERAS DE LA PARTIDA HACIA TIERRAS ANDALUZAS.
SAN ANDRÉS DE SAN PEDRO. 2.- Cuando llego a San Andrés de San Pedro, ocho y media de la tarde, me están esperando mis viejos amigos, y digo viejos amigos por mi vieja amistad con ellos, José Pérez Carrasco, Francisco Revilla Revilla, Marcos Sáenz, Jesús García Martínez y el dueño de las seiscientas ovejas que serán de ahora en adelante, si Dios quiere, nuestras compañeras de viaje hasta Córdoba, don Nicolás García Vela.Con nosotros vendrán acompañándonos los imprescindibles guardianes del rebaño que son la perra <Manchega>, la <Estrella>, dos mastines de gran tamaño y el pequeño carea que se llama <Roque>.
De esto y de otras cosas más, si Dios quiere, les hablaré en crónicas sucesivas.Las ovejas comenzarán a caminar mañana y están concentradas en un lugar denominado <Peña Turquilla>, paraje próximo a este pueblo envuelto en idílica paz.
El aire serrano nos llega acariciante.El itinerario está completamente delimitado, ya que nuestra primera etapa ha sido fijada de San Andrés a Gallinero, con un recorrido de veinte kilómetros, según informa el mayoral del rebaño Marcos Sáenz, a cuyo cuidado y a cuyas directrices va encaminado este pequeño ejército sin contar, claro es, las pequeñas contingencias que puedan surgir en la caminata retrasándola.Dos días en tren.
Noches al raso, como dicen en las tierras de Soria, escuchando en la intimidad las charlas breves y austeras, pero intimas y agradables de estos hombres hechos a la dureza de una vida cuyo derrotero les marca la Madre Naturaleza.
Los habitantes de San Andrés de San Pedro viven pendientes de la salida de este pequeño rebaño de don Nicolás García que tiene previsto su embarque en dirección a Córdoba con otras ochocientas de don Nicolás Pérez, para dentro de dos días.
4. Campo soriano, 6 de noviembre de 1962
SETECIENTAS OVEJAS en movimiento, o, lo que es lo mismo, 700.000 pesetas camino DE LOS PASTOS DE ANDALUCUA.
A cinco grados bajo cero en la sierra de Alba y a 1.500 metros de altitud.
El equipo de un pastor viene a costar unas cuatro mil quinientas pesetas.Veintitrés horas desde San Andrés de San Pedro a Soria, atravesando toda la sierra de Alba, para traer el ganado al ferrocarril.
La historia de “la contienta”, “se han perdido treinta ovejas”, lo que significa ser mayoral, y… las lágrimas de la despedida.
A las nueve y media de la mañana del sábado empezamos a caminar.
Como ya les informé, las ovejas, el hatajo mayor y las recién paridas con sus crías, separadas las unas de las otras, se habían quedado en <Peña Turquilla>, lugar no muy lejos del pueblo de San Andrés de San Pedro.Muy de mañana, a la hora en la que todavía se nota perfectamente el rocío de la noche, y con un cielo gris, aplomado, que amenaza lluvia –que luego sería una realidad- el mayoral dio la orden de partida.Pero antes… mucho antes, ¿qué había sucedido en San Andrés de San Pedro?
Se lo explicaré a ustedes, aunque creo honradamente que cuanto voy a referir a muchos les parezca increíble y, por otra parte, mi pluma no podrá recogerlo tal y como fueron desarrollándose los hechos.El dueño del rebaño, don Nicolás García Vela, un hombre veterano de la ruta de la trashumancia, quizás el único que ha hecho verdaderas proezas de abnegación en esta materia, se había encaminado antes de rayar el día a las redes. ¿Razones?
Preparar la marcha y alimentar a los dos mastines: <La manchega> y <Estrella>, que por cierto después de arrimarse a mí un par de veces con no muy buenas intenciones, hemos terminado por ser grandes amigos.
En San Andrés nos quedamos Marcos Sáenz, el mayoral del rebaño y yerno de don Nicolás y un servidor de ustedes, en unión de Jesús, un chaval de dieciséis años, hijo del señor García Vela, para preparar las cuatro yeguas que habrían de llevar nuestro equipaje.
Desde muy antiguo, este momento es el más temido por todos los hombres que hacen la trashumancia.
Es lógico, la separación de sus hogares durará como mínimo siete meses, y… ¿cuántas cosas no pueden suceder en este tiempo?
Aunque sea de pasada les diré, por ejemplo, que en Oncala me encontré a un ganadero que ya estaba en tierras de Andalucía y había vuelto porque su padre se estaba muriendo… Es la cruz negra de esta moneda que vale miles de duros.La pregunta me la hizo otro veterano de la ruta, don Blas Sáenz Ridruejo, padre de Marcos Sáenz, a quien los años y un reúma desdichado le ha apartado de esta vida maravillosa, durísima y noble de la trashumancia, donde las noches, los días y las horas que forman cada jornada hacen intimar a los hombres hasta la muerte.
Don Blas me dijo:- Pero, Ríos, ¿sabe usted la vida que va a llevar?Sonreí y no contesté porque lo único que pretendía era –se lo confío a ustedes- amainar el momento terrible de la despedida.
La señora de don Nicolás, la esposa de Marcos, sus hijos, sus hermanos, todos, miraban en silencio como las yeguas se iban cargando.
De vez en vez, surgía la pregunta:-Oye, ¿has puesto esto? ¿Y lo otro?-Sí, madre, ya va todo.
Las lágrimas estaban a flor de ojos, la dureza de la separación se manifestaba con la misma fuerza que el día gris, aplomado, que después nos irá empapando de agua.
Y, por fin, las lágrimas femeninas saltaron, y los hombres, muy hombres, lloran también, porque les diré a ustedes que cuando un hombre llora, por lo que yo los he visto llorar, sigue siendo tan hombre o más, toda vez que demuestra que en su corazón los latidos conjugan con su mente el cariño, el amor hacia sus seres queridos.
A las nueve y media, carreta adelante, camino de Oncala, salíamos para la primera etapa de la trashumancia.Al rebaño lo encontramos en el puerto de Oncala.
Nada más verme, <La Manchega>, una perra mastín que pesará sus cuarenta y cinco kilos, se acercó a mí y me enseño los colmillos, después me lamió la mano.
La paz se había firmado.
Pepe, <El andaluz>, uno de los pastores de don Nicolás, me voceó desde lo alto.- ¡Juan! ¡Juan! –sus gritos alegres llenaron todo el ambiente.
Paco, otro de los pastores, y que se llama Paco Revilla Revilla, agitó la mano. <Roque>, el diminuto perro carea respingó juguetón mientras espantaba unas ovejas rezagadas.
El señor García Vela me dijo:- ¿Qué tal va eso, Juan?
Empezamos a subir hacía la sierra de Alba, despacio.
Un aire frío nos azotaba violentamente en la cara.
En lo alto, a mil quinientos metros, aprendí la primera lección dura de la trashumancia.
Minutos después de marcharse don Nicolás para su casa con el fin de preparar unas cosas, Marcos, el mayoral, dio la señal de alto.
Al resguardo de unas piedras comimos.
Carne de oveja frita, tocino y unos buenos tragos de vino. <El andaluz> apenas si podía hacerlo.
En realidad, todos estábamos helados de frío.
No exagero, estaríamos a unos cinco grados bajo cero.
No se podía encender <candela> como dice Pepe, ¿con qué?
Además, el tiempo, el poco tiempo del que disponíamos no lo permitía, el rebaño comía en <careo>.No les voy a descubrir nada sobre la trashumancia.
Sobre ello técnicos ha habido y hay en la materia.
Aclaro que lo único que pretendo es informarles a ustedes como es la vida, nada grata, por cierto.
Así, por ejemplo, les diré que estas setecientas ovejas, donde me siento orgulloso de ser un pastor más porque he encontrado hombres HOMBRES que me llaman amigo, importan setecientas mil pesetas poco más o menos, pesetas que ahora caminan en busca de los vagones que habrán de trasportarlas después de día y medio hasta Veredas , en la provincia de Ciudad Real, para desde allí continuar hasta la finca de <San Rafael> en Córdoba, donde muy en secreto les descubriré que han cobrado por los pastos, donde hemos de llevar las ovejas para que invernen <ciento setenta y dos mil pesetas>. <Cosas de los señoritos de mi tierra>, como me dijo Pepe con su andalucismo gracioso.
Lo cual como todos comprenderán es una bonita cifra que ya nos revela que esto de la trashumancia no es un juego de niños y que resulta ya desde el principio un negocio antieconómico, pues pone uno a la aventura de Dios setecientas mil pesetas en movimiento –en este caso concreto- más otras ciento sesenta y dos mil al contado, sin saber qué es lo que deparará al ganadero el Destino.Yo no sé si ese gran maestro que fue don José Ortega y Gasset lo diría al referirse en sus crónicas sobre la trashumancia, ni si tampoco García Sanchís en Yanguas se refirió a ello al hablar <de los pastores que iban a Extremadura>, así que le diré que el equipo de un pastor de los que camina conmigo, de los que a pie han hecho sus sesenta o sesenta y cinco Kilómetros, desde San Andrés de San Pedro hasta la estación vieja del ferrocarril en Soria, viene a importar unas cuatro mil quinientas pesetas y lo compone lo siguiente: tres mantas, un traje para el agua, unas botas para lo mismo, cuatro mudas, cuatro pares de calcetines, una toalla, dos trajes de pana, y un par de botas corrientes y albarcas.
Todo esto por persona, aparte, claro está, de lo que llevan las yeguas que es, cuatro brazos de redes, sesenta kilos de patatas, ocho panes para estos primeros días, dos litros de aceite, media arroba de vino y una fanega de cebada para los animales.
Y llegó el agua.
Desde San Andrés de San Pedro hasta las proximidades de Gallinero, donde acampamos nuestra primera noche, invertimos diez horas de marcha.
Y esa noche, poco más de las nueve, el agua empezó a caer a capricho y yo recibí el segundo bautismo –nunca mejor la frase- de lo que era la trashumancia con todas sus consecuencias.
Y una hora después surgió la primera anécdota, que como será costumbre se la trascribo a los lectores aparte.
Quede dicho, que para llegar a donde habríamos de pasar la noche sin otro techo que las estrellas, si las hubiera habido, tuvimos que atravesar toda la sierra de Alba paso a paso.
Por la noche han parido tres ovejas, bajo la lluvia que hora tras hora no ha cesado de caer.
Marcos ha estado en todo, yo creo que no ha dormido.
El rebaño lo habían dejado dentro de la red, las madres y las crías, aparte.
Es curioso, este año el <cordel> ha ido por otro sitio, por la zona que hemos atravesado varía según los años de sembradura.
Pero de esto ya les hablaré mucho más detenidamente.
Vamos al grano.
El grano fue el primer guarda de Gallinero: sin mediar otra palabra, a Paco y a mí nos amenazó con hacernos levantar el <ato>, la <carga> de las yeguas, si nos salíamos del cordel.
Les diré la verdad, aquel <caballero> buscaba la propina, es decir, los cinco duros, por hacer <la vista gorda> por algo que no habría de suceder, toda vez que ni nos salimos del <cordel> ni pensábamos hacerlo.
De todas las maneras me consta que, aunque no fueron los cinco duros, se llevó a la mañana siguiente siete cincuenta que le dio Marcos y otros cinco duros que le dieron otros pastores que procedían de Huérteles.
Honradamente escribo: ¿no se puede terminar con esto?
Bastantes fatigas pasan ya los trashumantes para que todos quieran vivir a su costa.
Y este dale que te dale a la cartera es lo que sencillamente en el argot ganadero se llama <la contienta>.
Y dicho esto, vamos a ver lo que significa ser mayoral.
El domingo apenas habían dado las siete de la mañana reemprendimos la marcha.
Llovía, bueno, seguía lloviendo.
Marcos salió el primero con las ovejas que llevan crías.
Los tres corderos que habían nacido por la noche los pusimos en unos talegos asomando la cabeza y colgados de las yeguas.
Tras Marcos fuimos los demás.A las nueve y media nos paramos a desayunar, un pedazo de tocino, un poco de pan y un trago, todo esto, repito, de pie y bajo un aguacero imponente.
A las doce y cuarto caminábamos ya por los llanos de Chavaler en busca de Garray.De pronto, Marcos – yo caminaba tras el rebaño de corderillos- me gritó:-Juan ¿no te parece que faltan borregos? – ¿Qué contestarle?
Nada.
Él se acercó, mejor dicho, dio la vuelta, pasó por entre el rebaño y me dijo: – Me vuelvo.
Se han quedado dos atrás.- Efectivamente, dos horas después, nuestro mayoral volvía con los dos corderos.
Se habían quedado tras unas matas donde habíamos estado desayunando.
El mayoral había cumplido fielmente su cometido.En un simple reportaje resulta poco más que difícil explicar las vueltas y revueltas que hay que dar para llegar a Soria con setecientas merinas, de todas formas les diré que desde el lugar donde acampamos la primera noche, hasta la estación de <San Francisco>, esta estación que va a desaparecer en un futuro inmediato, invertimos otras trece horas de camino, en las cuales no he podido olvidar las lágrimas que vi en los ojos de las mujeres del pueblo de San Andrés de San Pedro, mujeres que durante siete meses se han quedado sin maridos, hijos y hermanos porque la trashumancia, bajo los románticos versos de la canción se los ha llevado a otras tierras, a otros lugares de la geografía patria.
Si, <ya se han ido los pastores a la Extremadura> y <a la Andalucía>, pero lo que muchos ignoran es que buen número de esos pastores han salido a la buen de Dios porque no han encontrado aún pastos a donde llevar sus ovejas y que en ruta tendrán que hallarlos como sea y al precio que sea.Es, una vez más lo digo, las cosas de la trashumancia, que para que nada falte añadiré que si algún ganadero arrienda una finca tiene que darle el dos por ciento de su importe al <corredor> que le ha buscado la misma, pero todo esto a medida que lo vaya viviendo se lo trascribiré a ustedes.Ayer, a las siete y media empezamos a <embarcar> el ganado por <pisos> en unos vagones que la RENFE ha facilitado y que componen un tren ganadero.
Por dentro, otra noticia sin ser aun exacta.
Creo que este tren viene a costar unas sesenta mil pesetas.
En él voy a estar día y medio, sin salir de un vagón de mercancías.
Toda lo que suceda, lo sabrán.
Prometido, minuto a minuto, y peseta a peseta.Antes de partir, el convoy fue bendecido por el párroco de Nuestra Señora del Espino, reverendo señor Teógenes Beltrán.
5. Campo soriano, 10 de noviembre de 1962
Veintitrés horas desde Soria a Veredas (483 Kms.), en un vagón de mercancías hacinados como bestias, ha sido el viaje <agradable> que nos ha brindado la RENFE.
Con nuestros billetes incluidos, <el tren especial ganadero> ha importado la bonita suma de veintinueve mil cuatrocientas treinta y cuatro pesetas.
Perdemos dos pastores a la salida, un perro <carea> en Ciudad Real, los <sin tierra> y camino del Valle de Alcudia.
Como les decía en mi crónica anterior hicimos el embarque del ganado en la estación de San Francisco, los primeros.
Después los otros rebaños hasta completar las dos mil doscientas treinta y nueve cabezas que han integrado nuestro tren especial ganadero.
Pensábamos salir a las tres de la tarde, pero hasta las cinco y media no lo hicimos, después de que don Teógenes Beltrán, el cura párroco de El Espino, nos impartió su bendición.
Mi primera sorpresa ha sido: que la RENFE nos había <preparado> un vagón de mercancías para hacer el viaje, pero antes de contarles todo esto de <pe a pa> les voy a presentar a todos cuantos en este instante –cinco menos veinticinco de la tarde de hoy 6 de noviembre- han llegado conmigo hasta Veredas.
Se trata de Paulino Pérez Jiménez, casado, de 47años de edad, vecino de San Andrés de San Pedro y dueño de un rebaño de setecientas reses; su hijo Isidro, de 12 años, el más joven de la expedición; Rufino Molino, de 58 años, casado, vecino y jefe de la Hermandad de Labradores y Ganaderos de Huérteles, acompañado de su hijo político Francisco Jiménez; Jesús García León, soltero, 25 años; Eladio Juano, de 34 y Victoriano del Río, de 40 años, los tres copropietarios de otro rebaño y todos vecinos de Las Fuentes; y por último vecinos de los Campos, Agustín Sáenz Berdonces, de 36 años; Juan Dionisio Fernández de 15, y Santiago Fernández, de 13.Estos llegamos, porque Aniceto Jiménez, de 21 años, y perteneciente al quipo de Rufino Molino, y Paulino Pérez, de 17 años e hijo de Paulino Pérez se <despistaron> antes de salir de Soria y no les hemos vuelto a ver, aunque todos esperamos que lleguen esta noche.Y vamos con las cuentas.El tío Rufino Molino es un veterano de estas lides.
Con el <cha-cha-cha> del tren me dice:-Esta es la cuarta vez en mi vida que llevo mil ovejas así, y estas –me las enseña- el sexto par de botas que uso.
Sí señor, como se lo digo.
Esta vida es de lo más perra ¡y encima nos llevan así…!<El que nos lleven así…> Es que en el vagón de mercancías vamos dieciséis hombres con los hatos hacinados como bestias.
Otro vagón idéntico lleva a otros merineros que han venido con sus ovejas desde Abejar para integrar este tren hasta Madrid, pues ellos van a Navalmoral de la Mata. <El que nos lleven así…> sinceramente lo considero injusto y no porque todos hayamos pagado nuestro billete, sino porque sencillamente somos seres humanos que ni si quiera tendremos libertad para las más elementales necesidades fisiológicas y porque además a nadie le aconsejo este <confortable> sistema de viajar porque al final todos tenemos los riñones convertidos en un puré.- Dígalo usted –insiste el tío Rufino-.Y no solo lo digo, sino que lo reitero, lo firmo y acuso directamente de arbitrario el sistema.Una vez más repito que yo no pretendo descubrir nada sobre la trashumancia, que quiero escribir verdades como puños y sacar a la luz muchas cosillas que los ganaderos sorianos, con su nobleza e hidalguía callan y aguantan.El tren ganadero –de momento me voy a referir al integrado por cinco equipos que yo he acompañado- se formó con once vagones (treinta y tres pisos) para el ganado; otro para las dieciséis yeguas y un tercero para nosotros.
Por todo esto RENFE ha cobrado la bonita suma de veintinueve mil cuatrocientas treinta y cuatro pesetas con setenta céntimos, poco más o menos, y que se distribuyen de la siguiente forma: 27.927,90 pesetas por 33 pisos donde han venido las 2.239 ovejas, a razón de 78 u 80 en cada uno, según consta en el talón de la RENFE número 100.087.930,00 pesetas por importe de 15 billetes de ganadero, tarifa especial.
Billetes 3ª clase números 56581 y 56580.512,00 pesetas importe de dos billetes de 3ª clase números 56579 y 56578 por valor cada uno de 206 pesetas y el valor de un billete del Kilométrico número 87140 extendido a nombre de don Nicolás García Vela, que viene a ser 164,80 pesetas si el descuento es de un 20 por 100 sobre la tarifa normal, cosa que exactamente ignoro.Creo que ustedes estarán conmigo, por este dineral bien podía haber puesto la RENFE un coche de 3ª clase pues lo mismo que nosotros viajaron hasta Madrid por lo menos, los de Abejar, y como quiera que la RENFE no concede por menos de treinta <pisos>, es decir diez vagones y como quiera que cada <piso> cuesta 846,30 pesetas y que por este concepto abonaron los de Abejar 25.388,00 pesetas. ¿Para qué seguir? ¿No merecía todo este dineral el referido coche de tercera clase?
Pero las cosas –repito que escribo verdades como puños- no termina aquí, sino que si al <especial ganadero> partido en Madrid le apareció en Puertollano una cola de vagones que no llevaban precisamente ovejas.Nuestra cena, desayuno y comida en ruta han sido preferentemente sardinas en aceite, algún pedacito de mortadela y paren ustedes de contar.
Claro está que esto carece de importancia, como ya no la tiene el frío que hemos pasado esta nochecita, porque el buen humor de todos hasta incluso del tío Rufino, ha sido la tónica del viaje hasta que…A Ciudad Real hemos llegado a las doce y media de la mañana.
El tío Rufino, inquieto y buen sabedor <se fue a ver> ganado.
Aquí empezó todo.
El perro carea del rebaño había mordido tres ovejas, a una bastante en especial.
Al entrar en la jaula el tío Rufino, escapó el can y en Ciudad Real se tuvo que quedar Francisco Jiménez para recogerlo.
Al poco y viniendo en el correo se reunió con nosotros en Puertollano.Opinión casi unánime: muy mala para el perro, pero como quiera que estos bichos son sencillamente imprescindibles manejar el rebaño, salvó el pellejo.
Y… otra vez el buen humor y versos del tío Rufino: <El <carea> del tío Rufino –que mal se ha portado- ha mordido a tres ovejas –y luego se ha escapado.Ninguno de mis lectores ignora que esto de la trashumancia es la fiel tradición de aquellos largos desplazamientos al valle de Alcudia, el valle de la Serena, en vez de al Ebro, toda vez que Castilla y Aragón fueron durante siglos dos reinos distintos…(Perdonen.
Hago un inciso.
Me traen un recuerdo para el pueblo de Valloria.
Cirino García, el chaval Marquitos y Esteban Jiménez, el amo, están bien).Y sigo.
Dos reinos distintos con sus correspondientes fronteras que imposibilitaban legalmente el paso de ganados. ¿No estará en esta tradición, como muy bien se preguntará el abogado soriano Cesar del Riego, una de las causas de la casi total decadencia de la ganadería trashumante?
Yo creo que sí, pues entre otras cosas no olvidemos que ni existen ya los privilegios de la trashumancia y que estos desplazamientos, aunque muchos opinen lo contrario ni son rentables ni mucho menos. ¿Qué pensarán estos hombres, silenciosos, arrebujados en sus mantas, en esas horas tristes de la noche infernal que hemos vivido en dicho vagón?
Porque nadie pudo dormir.
Quiero imaginarme que todos tenían la mente y el corazón, puesto ahí, en Soria.
Nuestro futuro es ahora el empezar a caminar hacía el valle de Alcudia.
Pepe <el Andaluz> y Paco ya han salido con los rebaños.De aquí, muy poco puedo decirles, a no ser que los <serranos> son estimados, queridos por todos.
6. Campo soriano, 15 de noviembre de 1962
PUERTO DE MOCHUELOS corazón de Sierra Morena, donde vive un hombre en estado salvaje y cuyas barbas miden unos veinte centímetros.
El por qué la trashumancia continúa haciéndose, llevando el ganado andando. ¿Es usted serrano?
Uno que quería una perra que fuera hembra.
Todo vale como en la guerra.
El Real Valle de la Alcudia, y empezamos a perder corderos recién nacidos.
Picaresca, cocina y rapapolvos.
Les escribo a ustedes desde el mismísimo corazón de Sierra Morena, a la luz de una imponente hoguera que Paco Revilla, que tiene 33 años y unas ganas enormes de tener novia (aviso para las solteras) ha encendido al amparo de un repliegue de terreno en el Puerto de Mochuelos, que mañana dejaremos si Dios quiere, después de pasar la noche aquí, para continuar por el término de Almodóvar del Campo, hacía la cañada de Escuernaborregos, para seguir por el estrecho de Gundalmez, para pisar tierra cordobesa.Escribo ahora, porque de día, aunque la marcha es lenta, venimos andando de doce a quince kilómetros, la temperatura ha sido y es <demasiado> fría acompañada de abundante agua, de aquí que todos vivamos pendientes del parte meteorológico en espera del buen tiempo.El puerto de Mochuelos es impresionante, cosa lógica, ya que entraña los más abruptos de esta serranía.
Aquí, precisamente, habita <el tío de las Barbas>, una especie de <yeti> en edición española y ejemplar único, inofensivo, que suele salir a los pastores trashumantes a pedirles pan, tocino y tabaco.
Nosotros lo hemos estado esperando, precisamente este raro individuo estuvo anoche con Fausto Duro, vecino de Arguijo que está aquí, en Mochuelos, en una finca con ovejas.Paco, el bueno y simpático Paco, me señala la causa de esta ausencia.- Seguro que ha visto desde lejos que lleva usted la escopeta y ha recelado. – Paco ¿cómo es el tío de las Barbas?-Mediana estatura, más bien flaco, tendrá de 50 a 60 años y siempre aparece medio desnudo y descalzo.- Yo nunca lo he visto calzado- puntualiza Marcos.-Ese <gacho> interviene Pepe <el Andaluz> está como una cabra, <zi zeñor>, como una cabra …- Ahora –vuelve a hablar Marcos- me ha dicho Faustino Duro, que tiene unas barbas por lo menos de quince a veinte centímetros.Llevamos caminando cinco días, en ellos he podido comprobar otro factor importante que cuenta en esto de la trashumancia: la pérdida, sacrificio, de algunos corderos recién nacidos.
Hasta ahora van seis los que han pasado a mejor vida y otro está con una pata entablillada.
Tres, de los primeros terminaron en el caldero de la cena, los otros, uno murió en el tren y el resto los mastines y los <careas> han dado cuenta de ellos.- ¿Qué pérdida supone en dinero esto, Marcos?-Unas tres mil pesetas.Créanme, resulta dificilísimo el enumerar tantas fatigas como las que pasan estos seres, que como ustedes saben viven en su mayoría en la zona septentrional de nuestra provincia, pero así es la trashumancia, dura, terrible y agotadora.
Más de una vez he oído a Marcos, el mayoral, exclamar:- ¿Quién de todos nosotros no desea verse ya en los pastos?Este interrogante, en un lugar como el Puerto de Mochuelos, con muchas horas de agua encima de nuestras espaldas, con una tormenta sobre nuestras cabezas en estos momentos, para que nada falte, solo tiene una respuesta: Todos.El Real Valle de la Alcudia tiene una largura de unos noventa Kilómetros, de ellos, nosotros habremos pisado unos cincuenta.
Antaño, se afirmaba de este valle, donde precisamente Jesús Posada tiene una finca, que tenía tantos quintos como días tiene el año.Para un novato como yo, lo más característico de la ruta por el valle ha sido como los guardias <no nos quitaban ojo de encima> y las pequeñas discusiones con los pastores han estado al orden de día, menos mal que de momento todo se ha solucionado con un cigarro y un trago de vino.
No ha habido enuncias.- ¿Suelen denunciar con frecuencia? – pregunto al mayoral.- Alguna vez que otra.- ¿Qué multas os ponen?-Depende, oscilan entre las doscientas y las mil pesetas.Les mentiría si no dijera que a veces los pastores <se hacen los despistados> dejando que las ovejas salgan del <cordel>.
Es la pequeña picaresca de cada jornada, pero aún no he visto a ningún pastor dejar deliberadamente a sus ovejas que pasten en los sembrados.Junto a esto, como en el amor y en la guerra, vale todo en lo que respecta a la relación oveja-cordero.
Me explicaré.
Cuando una oveja pare dos corderos, por lo general solo puede amamantar uno. ¿Qué hacemos con el otro?
Si hay alguna madre que la víspera se le haya desgraciado la cría, se quita la piel de esta, se le pone al vivo, para que la oveja madre no lo extrañe y en paz.
La adopción definitiva suele producirse a las cuarenta y ocho horas.
Si esto no puede ser, pues se ata a una oveja en dos estacas por la noche y se le echa el corderillo.
Desde luego resulta divertido el ver a un cordero con doble piel.Nuestros menús –solo hacemos dos comidas calientes- no pasan más allá de las migas por la mañana y las patatas por la noche, esto es lo normal, como lo es el tocino frío a mediodía.La cocina, como ven, es muy reducida, si bien los pastores <hacen milagros>.
Paco me ha enseñado a asar cabezas de cordero de una manera especial.
El hace lo siguiente: Una vez separada la cabeza del tronco, sin lavarla, la pone sobre las brasas para que se queme la piel, luego la raspa y a continuación la abre y le echa sal, situándola finalmente cerca del fuego para que se asé lentamente.
Resultado exquisito.Una vez más les aseguro que estos hombres conservan costumbres arcaicas, puras, de un ayer hermoso, cuando nuestra cabaña nacional era potente.Al final la tormenta se ha parado.
Y el agua, no así el frio.
Pregunto al mayoral. – ¿Qué es lo más difícil de la trashumancia?- Pasar por muchos sitios donde <los cordeles> se han perdido porque han labrado en ellos. – Marcos, ¿Qué se necesita para ser un buen pastor trashumante?-Tener fe en lo que se lleva por delante.-Dime ¿cómo puedes reconocer tan fácilmente los corderos?-Solo puedo decirle que los conozco, pero no pregunte usted el por qué, lo ignoro yo mismo.-Otra cosa, ¿qué es eso de <carear> el ganado?-Dejarlo que vaya comiendo a su aire.- ¿Es cierto, Marcos, ¿que para el ganado ha sido siempre muy peligroso el Puerto de Mochuelos?-Sí, los lobos <hacían carne>, menos mal que este año parece que no los hay.-Última pregunta, ¿desde cuando haces la trashumancia?-Desde los dieciséis años y tengo treinta y cinco.La hoguera, mesa de camilla para nuestras veredas, es precisamente fuente de anécdotas, consejas, añoranzas y bromas.
Paco le dice a Marcos que me cuente lo de la perra <carea>.
Ríen todos.- Usted –empieza Marcos- ya sabe que tanto nuestros mastines como los perrillos <carea> tienen fama, pues bien, el año pasado, un pastor andaluz me rogó que le bajara un <carea>.
El otro día, antes de salir de Soria recibí una carta suya en la que me recalcaba lo mismo, aclarando <que fuera hembra y perra>.Seguro, ustedes, como yo, se habrán preguntado.
Pero bueno, si la trashumancia es inevitable por ahora ¿por qué no llevan las ovejas de una vez a los pastos de invierno y se evitan calamidades?
La contestación la tiene según me informan, la RENFE.
No es lo mismo pagar un <especial ganadero> que llevar las ovejas en tarifa ordinaria. – Nos costaría por lo menos el doble cada piso –murmura Marcos-.En la noche, demasiado fría, muy lejana nos lega la voz de una locutora de Radio a través del pequeño transistor. ¡Qué dulce suena a esta altura y en este lugar!
Quien más, quien menos, en este instante tiene un nombre querido de mujer en su mente.
Madre, mujer, novia.
7. Campo soriano, 17 de noviembre de 1962
Quince Kilómetros (extra) para llegar a Torrecampo y todos ellos andando bajo lluvia.
Una Salve a la ermita de Nuestra Señora de las Veredas. ¿Dónde está el cielo azul de Andalucía?
Todos estamos bien.
Una climatología inesperada.
Serrano, sinónimo de formalidad y honradez.
Mi buen amigo Domingo Machuca, por su costumbre de saber lo que es la montaña, o los muchachos del Grupo de Montaña de la Organización Juvenil Española que él manda, o muchos de los componentes del Centro Excursionista Soriano, podrán comprender fácilmente algo, que para otros parece algo exagerado, y que es la bajada del Puerto de Mochuelos.
Es infernal, una ladera pronunciadísima, un plano inclinado que llegará a los setenta grados por lo menos.Pues bien, esta ladera de piedras gruesas, inestables, toda ella, hace dificilísimo el andar; tanto, que, teniendo apenas una longitud de setecientos u ochocientos metros, nos ha costado media hora larga el recorrerla.
Gracias a Dios ya está hecho, pero bajar casi midiendo los pasos para al menor descuido tropezar y rodar, con la lluvia de cara y un frio que es impropio de estas latitudes, no es nada agradable, se lo aseguro.
Naturalmente, todo lo ha acusado el ganado aún mucho más y aunque no sea pasado una revista detenida, casi estoy por asegurar que algún corderillo ha pagado las consecuencias al tener que brincar sobre un terreno escabroso, sumamente accidentado y, repito, bajo una temperatura gélida, pues no hay que olvidar que ha empezado la paridera de las ovejas, otro factor más que hace aún mucho más lenta nuestra marcha.Desde la bajada del Puerto, donde nos hemos despedido de Fausto Duro, atrás se han quedado el yerno del tío Rufino Molino, Francisco y su hermano; Agustín Sáenz Berdanes, de Los Campos, y Juan Dionisio Fernández y Santiago Fernández, de 15 y 13 años respectivamente, dos niños que se ganan más que bien el pan que comen.
Afortunadamente todos estamos bien y así lo hago constar por encargo de ellos, y para que sus familias estén tranquilas.Haciendo firme el refrán <de que metidos en laberinto…> hoy Jesús, el hijo de don Nicolás García Vela, propietario del rebaño que acompaño, y yo, nos hemos acercado a Torrecampo a buscar provisiones y a echar nuestra correspondencia, mientras que, el rebaño después de atravesar el río Guadalmez ha continuado hacia la ermita de Veredas en ruta hacía el pueblo de El Guijo, lugar en el que si Dios lo permite pasaremos el domingo para acampar cerca de Pozoblanco, pueblo cordobés de diecisiete mil almas.Pero volvamos a los <quince extras>.
La culpa la ha tenido la correspondencia y el aceite.
Se lo diré muy en secreto, y nosotros, porque Pepe <el Andaluz> y yo que hicimos la cena anoche, se nos fué la mano en eso de echar aceite y menos mal que quedó para las migas.
En la ermita de la Virgen de las Veredas hemos rendido tributo a Nuestra Señora.
Una Salve, y la verdad, no se puede reflejar en un simple reportaje tanta emoción, al ver a estos hombres hincados de rodillas pidiéndole a la Santísima Virgen su protección en este viaje que no es precisamente un camino de rosas.Otra cosa mis queridos lectores es que de momento ese velo azul tan hermoso de esta Andalucía alegre, señorial y abierta, hospitalaria y sugestiva, no ha aparecido por ninguna parte, y ya hemos empezado a pensar que vamos a llegar al final sin verlo. ¿Será así?
El hombre del tiempo nos dará la respuesta.
Que estamos sorprendidos por el tiempo que nos está haciendo no es ninguna sorpresa.
Les he señalado que el ganado está acusando este hecho y es natural, pues aunque muchos se rasguen las vestiduras les diré claramente que las merinas están más acostumbradas a temperaturas cálidas que frías, pues téngase en presente que, nuestras ovejas viven del año siete meses, los peores, fuera de Soria, de aquí que, otro factor peligroso de la trashumancia es este, el frío, en particular para las crías que pueden <cortarse>, es decir morir, como desgraciadamente ha ocurrido con un corderillo nacido anoche.
Por estas tierras, al hablar de serranos se quiere decir sorianos, pero al mismo tiempo la palabra entraña la tarjeta de formalidad y honradez.
A este respecto, don Ricardo Miralles, un ganadero, me ha dicho:¿Tratos con un serrano?
Mejor que con nadie amigo mío, tiene uno la garantía de la formalidad y la honradez.
Cumplen siempre lo que dicen, sí señor.
Y lo que yo le digo se lo repetimos todos en Andalucía, pero hombre, si nosotros a veces comentamos: <Hay que ver, qué tíos más duros, que vida se traen con las ovejas>.En la noche, desde donde hemos acampado, se ven las luces del pueblo de El Guijo.
Estamos en Andalucía.
Afortunadamente no llueve, ¡menos mal!, Pepe <el Andaluz> después de terminar de meter las ovejas en la red, se acerca a mí y me suelta:- Oiga uzte, ¿cómo van las papas? – Bien, Pepe.- Oye, cántale algo- le dice Paco Revilla.- ¿Este? –pregunta señalándole Marcos-.
Pero si parece escocés con respecto al flamenco.Pepe <el Andaluz> ríe.
Luego se lanza por unas tarantas.
No lo hace mal. <Las puertas de Murcia están abiertas>, como creo que decía uno de Alcalá para indicar que no había nubes, que el cielo estaba despejado.
Jugamos con el dial del receptor intentando captar nuestra Radio Juventud de Soria, muchas interferencias <morunas>.
Mala suerte, querido Eulogio Iciz, pero todos estamos contigo y con los tuyos.Y otra cosa, antes de decirles hasta mañana si Dios quiere, expresar las gracias a todos al reverendo y siempre inolvidable don Teógenes Beltrán por su bendición.
Dicho.Pozoblanco: Usted beba si quiere, pero no paga.
Una encina cuyas bellotas tienen la imagen de la Virgen de la Luna.
8. Campo soriano, 20 de noviembre de 1962
Usted beba si quiere, pero no pague, es el eslogan del Valle de los Pedroche.
Una encina cuyas bellotas tienen la imagen de la Virgen de Luna.
Dentro de la trashumancia hay otras <cosillas> al amparo de las merinas.
La plaga de los corredores.
El negocio de los pajaritos fritos.
Y siete horas de El Guijo a este pueblo que es tan grande como Soria.
Estamos metidos en el valle de los Pedroche, valle que comprende unos catorce pueblos y que es un emporio de riqueza, que se basa en la agricultura y en la ganadería.Como no ignoran, la última etapa fue la de El Guijo, de allí a Pozoblanco el rebaño ha invertido siete horas en llegar, <careando> más que nunca, toda vez que solamente catorce kilómetros separan ambos lugares.
Pozoblanco es la capital del valle, cuyo escudo es un gallo en lo alto del brocal de un pozo, cuenta unas dieciocho mil almas, es decir, que casi tiene el mismo número de habitantes que Soria.
Durante nuestra Cruzada de Liberación, las hordas marxistas cometieron tantos asesinatos que el pueblo recibió el nombre de Pozonegro.
Cientos de víctimas pagaron con sus vidas su amor a España y a la justicia.
Hoy, Pozoblanco, es un pueblo más donde la paz de España se respira.
Anclado en el puerto de la realidad y la leyenda que esta Sierra Morena entraña, es un pueblo blanco, hermoso, donde las casas vistas desde lejos semejan un bando de palomas posadas en un llano.Y ha sido en Pozoblanco, donde hemos podido escuchar el eslogan de este valle.- Forastero, usted beba una copa si le apetece, pero no pague.
La patrona de Pozoblanco es la Virgen de Luna, cuya ermita no está lejana.
Allí, hay una encina cuyas bellotas al ser abiertas presentan unas líneas que forman la imagen, según afirman estas gentes, pues vaya por delante que un servidor no ha visto ninguna bellota de esta clase.- En la encina –me dicen- parece ser que se apareció la Virgen.
En este mundo complejo de la trashumancia uno se lleva buenas sorpresas, agradables, que me han demostrado una vez más la agudeza que tienen los sorianos para los negocios, aunque a decir verdad por estas tierras tampoco son mancos en lo que se refiere a ganar un duro.Por ejemplo, el ganadero cuyo rebaño acompaño, don Nicolás García vela, ha intentado comprar cien cerditos en Pozoblanco para cebarlos en la finca que ha arrendado para sus ovejas.
Yo no sé si se hizo el trato o no, pero les voy a dar a ustedes unas cifras que, de continuar así, van a poner el precio del jamón a la altura de los satélites artificiales.El señor García Vela ha intentado –digo que no se si lo hizo- adquirir los animales y he visto y oído cómo le pedían por arroba quinientas cincuenta pesetas.
Él quería cerdos que pesaran dos arrobas y media, para engordarlos y venderlos allá en enero.
Los bichos valen mucho más cuanto menos pesan, esto es algo que no comprendo muy bien, pero así es.
Don Nicolás, que hablaba con el corredor de turno –de esto les contaré más adelante cosas- oí que exclamaba: – Bien, pero en esto hay que saber guardar la vista.- ¿Qué es eso?
Le pregunto.- Pues que yo hago el trato, pero como no he visto el ganado, si cuando lo vea no me gusta, de lo tratado no hay nada, ¿comprende?Y vayamos a lo que yo defino <como plaga de corredores>.
Ser corredor aquí, significa estar todo el día de bar en bar, donde por cierto todas las mesas tienen faldas y brasero, a la caza y captura de alguien que desee comprar o arrendar algo.
Cuando lo hallan, estos seres empiezan un <cuento largo>, el tira y afloja y si al final la operación se efectúa, se llevan el dos por ciento del importe total.
Un uno que le da el arrendatario y el otro que le entrega el vendedor o propietario.
Total, una bonita forma de vivir sin esfuerzos máximos.
Claro que los sorianos no son tontos y cuando lo pueden evitarse van, como vulgarmente se dice, <al toro por los cuernos>.
Los pajaritos fritos, que suelen ser zorzales, es un negocio que aquí se explota a pleno rendimiento.
Consiste en preparar unos lazos o trampas con crines de caballo, que los cazadores de zorzales ponen en las ramas de los árboles. Una vez capturados los venden a cinco pesetas a los bares y tabernas y estos a su vez los expenden a seis pesetas a sus clientes y <la copita de blanco con pajarito> es el aperitivo idóneo de estos seres cuya vida es muy diferente a la de los <serranos>, como ellos denominan a los nuestros.Y termino este pequeño resumen, más bien anecdótico, diciendo que hoy celebran los novios de este lugar <el día de las gachas>, que consiste en comer este plato juntos, y luego celebran un gran baile.

